Crítica | The Boys: Temporada 5, Episodio 1 (2026) – el inicio del apocalipsis de una sátira profética

ReseñasYevhenii Rudniev
13 abr 20265 minutos
The Boys: Temporada 5, Episodio 1 (2026) — Antony Starr

© Amazon Prime Video

Reseñas de los episodios de la temporada final

La temporada final de The Boys arranca con un episodio que devuelve la serie a su mejor versión: altas apuestas, humor negro mordaz y una clara sensación de final inevitable. Una vez más, la serie apunta directamente al género de superhéroes, a la política y a la sociedad, evolucionando de sátira a algo que resulta casi proféticamente relevante para el mundo actual.

El episodio de estreno de la temporada 5, titulado «Cuarenta centímetros de pura dinamita», es sorprendentemente sólido. Es uno de esos raros momentos en los que una serie recupera por completo su impulso narrativo. El capítulo está cargado de giros argumentales, lleno de energía, y cada escena cumple una función clara: ya sea avanzar la trama, intensificar la emoción o reforzar la atmósfera de una confrontación final cada vez más cercana con Homelander y las mentiras de la corporación Vought. Eso era precisamente lo que le faltaba a la cuarta temporada. Aquella entrega se sentía como una preparación alargada: demasiado cauta, excesivamente contenida, con unos creadores que parecían ganar tiempo en lugar de asumir riesgos. Se apoyaba en exceso en fórmulas conocidas, dejando la sensación de «todavía no». Ahora, en cambio, es claramente ahora —y se nota desde el primer momento.

Cuando la sátira deja de ser un chiste

The Boys ha alcanzado prácticamente su punto máximo. Las apuestas nunca habían sido tan altas, y lo que comenzó en 2019 como una mirada subversiva a los superhéroes y al poder corporativo se ha convertido, en 2026, en un reflejo inquietantemente preciso de la realidad contemporánea. La ironía es evidente: la serie no ha cambiado; el mundo la ha alcanzado. Su afilada sátira sobre la política, la manipulación mediática y la negación colectiva refleja ahora preocupaciones reales: desde la desinformación y los deepfakes hasta la inquietante facilidad con la que las sociedades justifican lo injustificable. Como un pez con memoria limitada, la gente está dispuesta a ignorar o justificar casi cualquier cosa en nombre de la comodidad.

La serie ha dejado de centrarse en los superhéroes para enfocarse mucho más en las personas y los sistemas. Ya no es solo una comedia negra, sino una sátira política directa con un realismo inquietante. Lo que antes parecía un cinismo exagerado ahora resulta plausible —si no inevitable. Lo que empezó como una exploración del lado oscuro de los superhéroes ha evolucionado hacia una sátira profética del presente, ambientada en una realidad ligeramente alterada que la hace aún más perturbadora. La cuarta temporada ya parecía anticipar ciertos acontecimientos políticos en Estados Unidos; la quinta va más allá, proyectando un futuro cada vez más idiocrático tanto para América como para el resto del mundo.

Un regreso a los orígenes

Las referencias a la primera temporada y al largo recorrido de los personajes se sienten totalmente justificadas: al fin y al cabo, estamos en el tramo final. Los arcos narrativos comienzan a cerrarse: la última aparición del padre de Butcher (?), se espera el regreso de Queen Maeve hacia el desenlace (?), Kimiko habla, marcando un paso importante en su evolución. La voz de Kimiko funciona en varios niveles: como alivio cómico, como elemento estabilizador y como observadora escéptica, casi como una representación del espectador. Atraviesa el caos al tiempo que expone lo absurdo de ciertas decisiones, especialmente las de Billy Butcher.

Y, aun así, como siempre, Butcher puede ser extremo, pero no está equivocado. Su radicalismo ya no se percibe como un exceso, sino como una reacción a un mundo que se dirige hacia el control total y la manipulación sistemática. La inacción ya no es una opción; el cambio no llega sin resistencia.

⚠️ Spoilers | El final del trayecto

La muerte de A-Train es uno de los momentos más potentes del episodio —y también uno de los más irónicos. No esperaba que ocurriera tan pronto, al menos no hasta que Homelander comenzó a perseguirlo. Parecía más probable que aguantara algo más, especialmente después de resultar herido al salvar a Hughie y al equipo del Freedom Camp. Sin embargo, la forma en que se desarrolla es temáticamente perfecta.

Eric Kripke cierra el círculo iniciado en el primer episodio: A-Train, que en su día destrozó la vida de Hughie al atravesar a su novia, ahora decide no hacerlo con otra persona inocente. Ha cambiado. Y muere. Tras salvar a su antiguo enemigo, ya no es el velocista egoísta de antes. Esta vez, A-Train «descarrila», pero no por miedo. Ya no teme ni a Homelander ni a la muerte. A nivel espiritual, ya ha encontrado la redención. Es una de las escenas más potentes no solo de esta temporada —que apenas comienza—, sino de toda la serie.

Conclusión

El primer episodio de la temporada final es exactamente el arranque que los fans esperaban. La serie se ha vuelto más difícil de ver —no por la violencia (a la que el público ya está acostumbrado), sino por lo incómodamente cercana que resulta a la realidad. Y esa es, probablemente, la mayor transformación de The Boys. No hay desarrollo lento. No hay concesiones. No hay ilusiones. Los creadores ya no juegan con la sátira: la serie la ha superado.

Valoraciones

IMDb

9 /10

Trakt

8 /10

Cinemapatrol

9 /10

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