Crítica | The Boys: Temporada 5, Episodio 2 (2026) – el virus de la victoria

ReseñasYevhenii Rudniev
28 abr 20265 minutos
The Boys: Temporada 5, Episodio 2 (2026) — Erin Moriarty, Tomer Capone

© Amazon Prime Video

Reseñas de los episodios de la temporada final

Si el primer episodio de la temporada final de The Boys salió golpeando desde el primer minuto y atacó los nervios a máxima velocidad, el segundo —«Teenage Kix»— baja ligeramente el ritmo, pero nunca pierde el control. Se trata de un episodio sobre cómo incluso el mejor plan rara vez resulta suficiente… y sobre cómo, en esta serie, el pasado nunca permanece enterrado dentro de una bolsa para cadáveres.

El capítulo se abre con un sermón del reverendo Oh Father, en el que A-Train es proclamado mártir, mientras que los seguidores de Starlight son retratados como una turba poseída por demonios que devora bebés y cambia por la fuerza el género de los niños. Es excesivo incluso para los estándares de Homelander, pero él observa en silencio y permite que continúe el espectáculo espiritual propagandístico, porque sirve a sus intereses y ayuda a mantener la estabilidad. La precisión sarcástica con la que los guionistas reproducen la retórica del fundamentalismo religioso resulta inquietantemente familiar.

El virus, Soldier Boy y la Generación Z

La trama principal del episodio gira en torno a probar el virus diseñado para matar Supes. Cerca del laboratorio secreto de Butcher, en Pensilvania, vive un grupo de superinfluencers conocido como Teenage Kix. Uno de ellos, Rock Hard, parece el conejillo de indias perfecto. El único problema es que, cuando los protagonistas lo encuentran, hace mucho que dejó atrás sus mejores días, pesa sabe Dios cuántos kilos y permanece completamente inmovilizado en el sótano de la mansión (¿Vladimir Harkonnen, eres tú?). El personaje es una parodia evidente de The Thing, Ben Grimm de los Fantastic Four de Marvel, llevada al absurdo extremo con el gusto habitual de la serie por lo grotesco y lo repulsivo.

En conjunto, Teenage Kix funciona como una afilada sátira de las casas colaborativas de influencers en TikTok: esas mansiones donde decenas de creadores conviven produciendo contenido. Sheline, Jetstreak y Countess Crow graban interminables vídeos para redes sociales, promocionan bebidas energéticas Turbo Rush y empujan otras mercancías de Vought. (Por cierto, los códigos QR que aparecen en pantalla redirigen a vídeos reales. Me encantan detalles así por parte de los creadores). Cuando Marvin le cuenta a Butcher cuánto gana esta generación Z por publicación, la reacción de Karl Urban está perfectamente medida.

Homelander se parece cada vez más a un narcisista en plena crisis de identidad, hasta el punto de decidir descongelar a su padre. El regreso de Soldier Boy probablemente sea el acontecimiento clave del episodio y un prólogo evidente del spin-off Vought Rising, la precuela destinada a explorar el ascenso de la corporación y los orígenes de los superhéroes en los años cincuenta.

La escena final entrega el gran gancho argumental: el virus funciona con Rock Hard y Jetstreak, pero el primer Supe de la historia —creado por Frederick Vought en los años cuarenta—, atrapado en el centro del efecto de la droga y dado por muerto, se levanta en el último plano desde el interior de una bolsa mortuoria.

Debilidades de guion

Este giro destruye cualquier esperanza de una resolución sencilla, porque si el virus no logró matar a un Supe de primera generación, no hay garantía de que pueda matar a Homelander. O, en sentido contrario, el regreso de Soldier Boy podría ayudar a Homelander a crear una vacuna. Y ahí aparece un fallo narrativo bastante evidente: los cuerpos con restos del virus fueron abandonados por The Boys en la escena, lo que significa que los cientos de científicos de Vought, con financiación prácticamente ilimitada, deberían poder analizarlos sin dificultad. Si fuéramos estrictamente lógicos, todo debería haber sido reducido a cenizas… pero la lógica a veces se sacrifica en favor del espectáculo. En esta serie, la razón se dobla ocasionalmente ante el entretenimiento más que ante el sentido común.

Los arcos de personaje también evolucionan de forma desigual. Starlight, que se vuelve moralmente más oscura con cada episodio, está ahora dispuesta a sacrificar a Countess Crow por el bien de la misión. Probablemente sea la transformación más interesante del capítulo. Countess Crow, pese a toda su teatralidad gótica performativa, termina siendo simplemente una joven vulnerable con poderes mediocres, que intenta esconder su inseguridad tras la máscara de señora de la oscuridad. Marvin muestra compasión hacia ella, algo revelador, ya que expone las profundas fracturas internas del grupo.

Frenchie y Kimiko se besan y hacen el amor en todas partes… y es maravilloso, aunque también inquietante: en The Boys, los momentos más tiernos suelen preceder al mayor dolor. De hecho, es un recurso dramático clásico que anuncia tragedia inminente. Mientras tanto, las discusiones entre Hughie y Butcher conservan su fuerza habitual, pero en el fondo siguen siendo la misma disputa repetida temporada tras temporada. La serie continúa girando en torno a esa dinámica en lugar de llevar su relación hacia territorios nuevos.

Valoración final

Desde el punto de vista técnico, el episodio tampoco es impecable. Algunas escenas de acción sufren por un montaje caótico y una cámara temblorosa que dificulta seguir lo que ocurre. Es una pena, porque el potencial para enfrentamientos visualmente impactantes estaba claramente ahí. Aun así, pese a esas carencias, este segundo episodio se siente como un paso narrativo hacia adelante. Mantiene el impulso y genera la sensación necesaria de que la historia avanza hacia su final inevitable. The Boys quizá ya no impacte como antes, pero sigue avanzando con plena confianza.

Valoraciones

IMDb

8.5 /10

Trakt

7.8 /10

Cinemapatrol

8 /10

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